La fiesta de la democracia no será tal.
Iremos a votar sumergidos en la pena de los familiares y amigos de Isaías.
Iremos a votar convencidos de que los energúmenos acabarán envenenados por su propia maldad.
Iremos a votar con serenidad. Con profundo dolor. Sin odio, porque el odio solamente sirve para engendrar más odio. En su lugar llevaremos el mensaje de cariño y apoyo a quienes lloran hoy la pérdida.
Iremos a votar convencidos de que se hará Justicia y de que la Ley imperará.
No será una fiesta.