Un viejo problema -habitual en los seminarios de Recursos Humanos de las empresas- conocido como dilema del prisionero, plantea la encrucijada en la que se encuentran dos reos acusados del mismo delito. Se les interroga por separado, haciéndoles ver que:
- Si ambos callan serán condenados a una pena de meses de cárcel.
- Si ambos confiesan, sufrirán los dos unos años de cárcel.
- Si uno acusa al otro y éste calla, aquel quedará libre y éste en cadena perpetua.
La búsqueda del máximo beneficio a costa del otro lleva normalmente a la ruina a ambos. Lo mismo ocurre en España por culpa de los nacionalismos. Si todos colaboramos, el resultado global será mejor que si cada uno tira de la cuerda intentando llevar el ascua a su sardina.
Los nacionalismos son un problema DE TODA ESPAÑA, no sólo de quienes los sufren en sus carnes por razón de su lugar de residencia. Cada vez que un nacionalista radical obtiene prebendas [por razón de los complejos y debilidades de los políticos al uso, que no por la representación que obtiene en las urnas] está empobreciendo al conjunto de los españoles.
Cada coche oficial, cada hermanísimo con cargo público y cada partida presupuestaria dedicada a la inmersión lingüística significan dinero tirado. Dinero que permitiría hacer hospitales y escuelas. Aquí y allí.
[Me inspiró una visita a la guarida de Malatesta, quien, curiosamente, tituló "el dilema del ciudadano" su reflexión. Agradecido por ello]
Ciudadanos no tiene que tener miedo a declarar rotundamente que no considera ni la lengua ni las tradiciones como referencias para la constitucion de naciones-estado. Quizá en momentos pasados, cuando el concepto de pueblo servía para profundizar en una incipiente democracia frente a las monarquías absolutas, pudo tener sentido, pero hoy, alcanzados en occidente unos niveles democráticos aceptables y entronizado el individuo, que no el pueblo, como unidad básica de la sociedad humana, la única referencia válida son las Constituciones. Las Constituciones son esos documentos acordados por los individuos donde, aparte de lenguas y tradiciones, se les reconocen derechos y deberes en un plano de igualdad y donde se potencia la solidaridad. Por eso, los nacionalismos y sus desafueros, como los Fueros, deben de ser eliminados como obstáclos para la expansión de una sociedad de ciudadanos libres e iguales.